Bienvenido a la VI Promoción

Bienvenido a la VI Promoción del Máster de Narrativa El arte y el oficio de Escuela de Escritores.

El Máster de Narrativa une —a través de la experiencia de Escuela de Escritores— la tradición de las cátedras de Escritura creativa de las universidades anglosajonas con los enfoques didácticos de las escuelas y universidades europeas miembros, al igual que nosotros, de la Asociación Europea de Programas de Escritura Creativa (EACWP). El objetivo del máster es enseñar el oficio de escritor y trabajar los tres pilares que convierten este oficio en un arte: la técnica, la creatividad y la sensibilidad.

Desde su creación en octubre de 2009, son casi sesenta los alumnos que han participado en este proyecto docente pionero en España.

Un escritor se hace escribiendo, sí, pero si verdaderamente quiere ser un artista de su tiempo, también debe conocer la tradición literaria que le precede y a la que se suma, las herramientas de análisis textual, los movimientos artísticos y de pensamiento en su diálogo con la escritura, o lo que del futuro de la narrativa vislumbramos a comienzos del siglo XXI.

Y, por supuesto, un escritor debe establecer un canal de comunicación consigo mismo, con su mirada y su verdad, con las fuentes —siempre personalísimas— de su inspiración y su creatividad, con aquello que él, y solo él, tiene que contar.

La técnica y la sensibilidad, el arte y el oficio; un objetivo ambicioso para el que hemos diseñado un aprendizaje que tendrá como guías a los más prestigiosos profesores de escritura, con años de experiencia a sus espaldas, que comparten claustro con artistas, escritores, editores, dramaturgos y expertos en filosofía, historia, literatura, psicología y creatividad. Asimismo, contamos con la participación de escuelas como la Escola d´Escriptura del Ateneu barcelonés o de editoriales tan atentas al presente de la literatura española como Páginas de Espuma, Salto de Página y Alfaguara.

Los seminarios y encuentros periódicos con escritores y sus reflexiones sobre la literatura que viene –ya han pasado por nuestras aulas Alessandro Baricco, Enrique Vila-Matas, Juan José Millás, Ray Loriga, Luis García-Montero, Bernardo Atxaga, Almudena Grandes o Agustín Fernández Mallo, entre otros– completarán una formación orientada a facilitar al alumno los conocimientos técnicos del oficio y a potenciar la creatividad e individualidad del artista.


El arte y el oficio, por Alfonso Fernández Burgos

Quedar convertido en instrumento, en oficio, en tarea.
Francisco Umbral

alfonsofernandezburgosEl escritor se mira al espejo y piensa que es tinta. Solo así hay salvación: cuando uno es lo que respira, cuando uno es aire y bronquio; garganta y ahogo. Solo así hay vida luminosa. Es necesario convertirse en el esperma y en la piel herida. También en el temblor. Y en el ay desgarrado de los orgasmos. Solo así —siendo el oficio, la tarea— se puede estar presente, salpicar las paredes de hiedra o mancillar la memoria de los nuestros.

El papel, la tinta, los minutos. Dejarse de pamplinas, dejarse del que escucha al otro lado con sus ojos, dejarse de la sonrisa y del aplauso. Quedar convertido en puntos suspensivos para seguir mañana, y el año que viene, y después de muerto. Proclamo a un tiempo la voluntad de ser errata y recompensa. De esta manera ya puedo enunciar que soy a la vez el que escribe y lo escrito. La Bovary c’est moi, mi caudillaje y mi obediencia. Soy el soporte que contiene la voz y la ilusión forjada a la sombra del delirio y de los vinos. Y soy, tal vez, solo esa palabra que llena los pulmones y el orgullo: escritor.

Pero ahora estoy aquí sin otro remedio que confundirme con el oficio y la herramienta. Soy lo hacendoso y la pereza que cruza cada línea escrita, y el texto que duerme en la desidia. Porque yo soy de la misma piel y de la misma uña que el Cantar de los Cantares y del mineral oscuro que acumulan mis entrañas. Carbón y poesía habitan en mí no como espuma, sino como oficio, como horario, como tranco imprescindible en el camino.

Porque en el paso soy el talón y el suelo que lo impulsa. No soy otra cosa que tinta que se vierte, no soy más que este oficio antiguo y solitario. Soy deseo, pero deseo de ser la pluma, y su herida. Porque cuando soy todo eso (el margen, la tinta, la cuartilla, el número que marca el orden de los tiempos y la goma que borra), cuando no hay distancia entre la raíz de mis muelas y lo escrito, siento que merece la pena quedarse aquí, sin prisas, hasta que venga la muerte si se atreve.

De nada sirve la almoneda de palabras, la imposición mercantil de los criterios. Yo soy una tinta que se encoge y expande en un latido. Y aquí estoy para dar fe, con rigor de que solo me siento ser si escribo. Escribo y respiro. Me muevo y agonizo. Solo hay palabra: la palabra como trazo del retrato, el sueño como trazo del orgasmo y la muerte como trazo que da sentido a todos los trazos. Tarea, tarea; oficio, oficio.

Entonces la palabra es yo. Soy, ya lo dije, látigo y espalda, inquisición y herejía. Soy la voz que clama y el socorro. Soy yo, un escritor que grita o que silencia como los besos dulces. La máquina herramienta de mi túnel, de mi puente, y del asfalto pegajoso que hierve a mediodía.

Soy el instrumento, el oficio y la tarea. Lo demás no importa. A mí no me importa.