Germán Barrera«La literatura es la vocación del hambre. Algo de eso dijo Asunción Silva en El mal del siglo. Y no se equivocaba. Hambre, hambre, hambre. (Siempre he creído que en esa «A», tan honda entre esas cajas de resonancia —hache y eme—, hay una novela: La gran novela del Hambre. Tal vez ese sea el inicio: La literatura es hambre).

Un hambre inmensa que se llena con más hambre, con más lecturas, con muchas palabras equívocas hasta que llegan las adecuadas y se vuelven a diluir en correcciones, un atrapador de olas, que es la vida.

Y, eso mismo es lo que te ofrece el Máster.


Olvídese del pensum y de lo que sepa de escribir, y de los profesores que se va a encontrar y de que tienen cientos de trucos bajo la manga y que, a veces, hacen desaparecer elefantes y que, en otras, a los trucos se les ven las costuras. Eso no importa. El máster está por encima de eso. Cierre los ojos y déjese andar por sus calles.

Francisco de Rojas arriba, Francisco de Rojas abajo. Camine hasta Bilbao. Hasta el Dos de Mayo. Adéntrese en el desierto mientras espera la llegada de los tártaros. Paséese por el jardín de los Eloyes, entre a las casas de Isabel. Y todo, con hambre y con frío. Con lágrimas de risa. Con ganas. Con una mujer entre los brazos y con un tipo barbado en las entrañas, y con las ganas de saciarse desbocadas. Y siga caminando, no pare, deténgase en sus pasos, hasta que un día, se encuentre sin saberlo, en el otoño de la primavera y todo se haga luz y usted no se haya dado cuenta, de cuando comenzó a escribir su novela. A destajar a machetazos el hambre que lo llena.

Lucía, Germán y Humberto, compañeros de la III Promoción

Lucía, Germán y Humberto, compañeros de la III Promoción

Pero si hasta aquí usted no tiene ni idea de lo que le estoy hablando, del hambre que le narro, ¡huya! ¡Corra, carajo, por su vida! Bienaventurado usted que puede vivir sin ese calor entre las vísceras. Pero si su caso es el opuesto, y usted aún puede saborear la sed de la que hablo, y si usted lo que tiene es unas ganas tremendas de gritar, de exigirle al mundo que se detenga, lo siento, ya no hay vuelta de hoja, huir es un atajo yermo. Tendrá que abrir los ojos y enfrentarse a sus océanos, y escribir como el bushido, vivir como si ya se estuviera muerto.

La Escuela tiene el arsenal, usted decida si lo suyo es el camino del guerrero: vivir en la esgrima de las olas.»

Germán Barrera Toro
Alumno de la III Promoción
Máster en Katanas

Todos los alumnos de la III Promoción con sus diplomas

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