cuarta-promo-ede2Siempre me gustó leer, pero un buen día comencé también a escribir. Ocurrió. Así, sin más. No puedo decir cosas del tipo “escribo desde aquel día en que…” o “ese día me di cuenta de que…”. No. Simplemente, un buen día –ese buen día del que hablo y al que no puedo poner fecha concreta–, por la mañana, por la tarde o a media noche –tampoco recuerdo eso–, me senté y me puse a escribir. Después y poco a poco, supongo que según me iban saliendo cosas en donde me reconocía, le cogí el gusto, la afición. Y desde entonces, empecé a hacerlo a diario, cada vez más, en cuanto podía. Recuerdo que, al principio, escribía a mano, después pasé a hacerlo en una vieja máquina de escribir heredada de mi padre; finalmente, frente al ordenador. Y así, cada vez más a menudo, a ratos, sin parar. ¿Y qué escribía? Relatos (lo que entonces yo creía que era un relato), proyectos de ensayos (lo que entonces yo creía que era un proyecto de ensayo), comienzos de novelas que no llegaban a más.

Lo más importante es que, con todo esto, poco a poco o de pronto –tampoco lo sé–, se generó en mi un deseo, algo que, por pudor, me pareció casi inconfesable entonces: quería ser escritora. Es más, tenía un tremendo deseo de llegar a ser una buena escritora. Pero casi a la vez, empecé a sospechar que escribir no era solo eso. Escribir no era solo sentarte en una silla cómoda y dejar fluir las palabras a ver qué salía. Eso sí, me daba cuenta de que tenía lo mas importante –qué duda cabe–, ¡tenía el deseo! Pero intuía que a ese deseo le hacían falta más cosas. Unos buenos pilares. El soporte necesario para que mi deseo se convirtiera en algo que yo pudiera visualizar como posible. De modo que empecé a investigar. A tratar de formarme, a leer acerca de lo que era la escritura. A nivel intuitivo, tenía la impresión de que aquello –esa búsqueda–, era otra forma de “escribir”. Fue entonces cuando trasteando aquí y allá, preguntando, o qué sé yo, buscando la manera de darle una forma más concreta a ese deseo, cuando descubrí la existencia del Máster de Narrativa en la Escuela de Escritores.

Dudé muy poco antes de decidirme. Y en cuanto tomé la decisión, supe que había sido la acertada. Pasé dos años rodeada de amigos con quienes compartía (y todavía comparto) un deseo muy parecido. De profesores estupendos que me enseñaron mucho. Pero, sobre todo, comprobé lo que ya sospechaba. Aquel lugar estaba lleno de buenas herramientas, de enseñanzas muy valiosas. Sí; desde luego que escribir era mucho más.

Lola Vivas

Los alumnos de la IV Promoción del Máster de Narrativa

Los alumnos de la IV Promoción del Máster de Narrativa