«Hace casi seis años, era alumna de Escuela de Escritores. En esa época, se gestó el Máster de Narrativa. Desde el principio, me impresionó el plan de estudios: era el sueño de cualquier aspirante a escritor.

Me gustaba escribir, pero temía el esfuerzo que supondría ir a clase después de la jornada laboral. Ni siquiera me presenté a las pruebas de la primera promoción. Si resultaba seleccionada, no podría renunciar a mi deseo. Esperé un año más. Pero ya era consciente de que, antes o después, acabaría cumpliendo mi sueño.


La primera semana recibí un cuadro con muchísimos colores, uno para cada asignatura. Pensé que no tendría fuerzas suficientes para cumplirlo. También mis compañeros lo creyeron. Por suerte, nos equivocamos.

Pronto nos dimos cuenta de que el deseo de escribir y la pasión por la literatura no se rendían ante el cansancio. Que realmente era un privilegio debatir con los profesores, durante horas y horas, acerca de la escritura, las técnicas narrativas, la lectura de los grandes maestros y nuestros propios escritos.

Durante dos años, rendimos hasta el límite de nuestras posibilidades. Comprobamos que la escritura es un oficio que requiere altas dosis de perseverancia y disciplina. Pero lo hicimos divirtiéndonos, disfrutando de las lecturas, de nuestras novelas y nuestros relatos. Durante dos años, vivimos la literatura.

Con el sueño del máster aún reciente, la Escuela me ha ofrecido la oportunidad de ser profesora de Escritura Creativa. También en eso me equivoqué. Nunca antes hubiera pensado que conseguiría vivir de la manera que más me gusta.»

Silvia Fernández Díaz
Alumna de la II Promoción