El pasado viernes 1 de octubre iniciamos la segunda promoción del Máster de Narrativa “‘El arte y el oficio” (2010-2012) con la clase magistral impartida por el escritor Enrique Vila-Matas. Durante el encuentro con los alumnos del Máster, Vila-Matas reflexionó, a partir de su experiencia en la escritura de su última novela, Dublinesca, sobre la influencia de Joyce y Beckett en la narrativa actual.

Para el autor de obras como Bartleby y compañía, ficción y realidad constituyen un juego de espejos en el que los contornos de qué es qué acaban por confundirse, difuminarse y/o mezclarse. Vila-Matas contó cómo de un hecho casual, la sensación de que alguien le seguía a la salida de una librería barcelonesa, surgió el inicio de Dublinesca y cómo su propia experiencia vital del momento y las de otras personas de su entorno iban cimentando la materia narrativa al tiempo en que escribía la novela.
Según Vila-Matas existen dos maneras para un escritor de aproximarse a la narración de una historia: como quien entra en un bosque y sabe exactamente porqué lugar va a salir o, simplemente, adentrándose en la espesura y explorando todo el espacio sin saber dónde o cuándo se encontrará la salida. El escritor aseguró que él se sentía más libre con esta segunda opción y reconoció que cuando había trabajado con una historia en la que sabía cuál era el inicio y el final antes del proceso de escritura –El viaje vertical– se había “aburrido”.

El escritor barcelonés recordó que la estructura básica de la narración es la del viaje, en la que siempre hay un inicio y en un fin, y puso como ejemplo la Odisea. “Sin embargo, apuntó, el fin del viaje siempre es la muerte, la vuelta a la raíz. Realmente Ulises demora su vuelta a Ítaca porque la vuelta al hogar es el fin de la historia”. Ejemplos de esta estructura clásica serían las novelas en las que el viaje físico corre en paralelo al de la evolución psicológica del personaje –El corazón de las tinieblas, de Conrad, Viaje al fin de la noche, de Celine o La isla del tesoro de Stevenson–. Por el contrario, en la otra ruta, en la exploración y la demora, estarían escritores como Proust –En busca del tiempo perdido- o Joyce –Ulises– que se pueden considerar como los padres de la narrativa actual.