malloEl pasado martes 16 de noviembre, Agustín Fernández Mallo participó en el Ciclo de Conferencias de Narrativa organizado por la Asociación Antonio Villalba y Escuela de Escritores. Mallo, uno de los representantes de la llamada literatura Afterpop, impartió una conferencia en la que, bajo el título Extrarradio: maneras de abordar la creación literaria desde lugares periféricos a la Literatura repasó su visión de la escritura narrativa, las claves de su estética y su forma de trabajar.

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Agustín Fernández Mallo

Asistir a una conferencia de Agustín Fernández Mallo es como ser espectador de su discurso mental y al mismo tiempo de su discurso narrativo: un torrente que se bifurca continuamente y en todas direcciones; una red de informaciones conectadas, aparentemente, de forma aleatoria o «fragmentaria». Decimos aparentemente porque para Mallo sus obras nunca son fragmentarias porque «ninguna obra lo es»: hay una coherencia, un discurso interno, una «poética» que comparó con una buena sesión de un DJ: «aparentemente es una sucesión de canciones, pero el buen DJ sabe convertirla en una única canción porque convierte las sesiones en discursos musicales».

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Fernández Mallo con Ignacio Ferrando y Javier Sagarna

La coherencia interna de la narrativa de Mallo está en la poesía. El autor de las novelas Nocilla Project (una trilogía formada por las «nocillas» Dream, Experience y Lab) confesó que apenas lee narrativa –»si encuentro una página de una novela que me deslumbra, tengo suficiente con esa página: no puedo asimilar tanta belleza»- y que su punto de partida está en la mirada poética, la que le permite, a partir de la observación de un objeto, un comportamiento o un fenómeno informativo, buscar una nueva forma de contarlo, la nueva imagen/idea a partir de la que construirá una obra: por ejemplo, Nocilla Lab nació de la idea de que la Coca Cola es única, no tiene dualidad porque no se parece a nada salvo a sí misma.

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Algunos asistentes a la conferencia

A partir de aquí, Fernández Mallo comienza la escritura torrencial en la que la imperfección, el «ruido», entendido como la parte prescindible, la disonancia o la «basura» de una información,  forma parte de la narración de forma consciente como opción estética. Esta premisa puede rastrearse en autores como Don Delillo en su trabajo  Ruido de fondo o en la música pop desde que LaMonte Young puso en marcha en 1963 su Dream Syndicate.

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De izquierda a derecha: Javier Sagarna, Germán Solís,
Agustín Fernández Mallo, Ignacio Ferrando y Ángeles Lorenzo Vime